lunes, septiembre 18, 2006

ADICTOS A LA TELEVISIÓN

ADICTOS A LA TELEVISION


Existe consenso al afirmar que las funciones básicas de la televisión consisten en entretener o divertir e informar. Una tercera función, la de formar, no es atendida ni requerida normalmente por las personas interesadas, ni estimulada por las estructuras de poder. Independientemente de estos asuntos, el uso excesivo de este medio de comunicación puede provocar, en algunas personas, problemas específicos, entre los cuales destacan dos : la violencia y la teleadicción. Esta última, que consiste la materia de este artículo sumario, representa una adicción no química de carácter grave que, no obstante, puede ser tratada terapéuticamente con eficacia (otro tema, que algún día trataré más in extenso, es que curar parece que tampoco interesa, a quienes tienen el poder, claro....!)


Dijimos anteriormente, que las dos funciones primordiales de la televisión son informar y divertir o entretener. En realidad, existe una tercera función, la de la educación permanente, que nunca se cumple a causa del desinterés por parte tanto de los responsables de la programación como de los telespectadores.

Independientemente de la vasta controversia que este medio de comunicación ha provocado en estos tiempos de mediocridad y de rutina, aquí interesa señalar que, a nivel de la salud mental, la televisión puede generar dos problemas fundamentales, es decir, la violencia y la adicción. La teleadicción, también denominada telemanía o teledependencia, un tipo de adicción no química ("una drogodependencia sin droga") implica un consumo excesivo de la televisión y una fijación excesiva a la misma. Ambos fenómenos pueden existir independientemente uno del otro o concitarse en un mismo individuo. El consumo excesivo se presenta cuando el sujeto pasa demasiadas horas contemplando la programación y la fijación excesiva alude al hábito de contemplarla en condiciones nada adecuadas, como en solitario, en una actitud silenciosa o de inmovilidad y en un contexto de penumbra. A decir verdad, en la teleadicción lo más frecuente es que ambos fenómenos aparezcan asociados : existe tanto abuso en la cantidad de tiempo dedicado a la contemplación como un déficit en el aprendizaje que conduce a contemplar la televisión correctamente.

El abuso televisivo puede observarse a cualquier edad. En la infancia, la familia suele utilizar este medio para conseguir que los niños permanezcan tranquilos, para que no molesten, como si la pantalla fuese un sedante o un chupete electrónico, lo cual frecuentemente representa el inicio de una teledependencia. Se ha informado que, en occidente, los niños en edad escolar ven más de tres horas diarias la televisión. Además, según la UNESCO, permanecen ante la pantalla casi la misma cantidad de horas que en la escuela ; con ello se roba un tiempo precioso en el desarrollo personal, que debería dedicarse a la lectura, a la realización de deberes y a los juegos y a procesos de socialización con otros niños (como el deporte). Concretamente, los niños españoles (donde se ha estudiado el fenómeno) consumen un promedio de tres horas y media diarias ante la televisión, lo que representan el ochenta por ciento de su tiempo libre. A esta edad, a fin de prevenir problemas futuros, los especialistas recomiendan que el consumo televisivo diario oscile entre sesenta y noventa minutos, lo cual, a su vez, representaría el límite entre el uso y el abuso.La mencionada tendencia abusiva continúa en la adolescencia y en la etapa adulta de la vida, cuyo consumo diario oscila entre tres horas y media y cuatro horas. Se ha comunicado que, en Europa, los principales consumidores abusivos son los ingleses, seguidos de los españoles.

La teleadicción posee unos efectos concretos, una especie de "intoxicación", que modifica paulatinamente la mente del sujeto: éste va cayendo en la pasividad (pierde impulsividad, iniciativa, actitud crítica, etc) y la apatía (sufre falta de motivación, indiferencia a muchas cosas de la vida, inclusive las anteriormente gratificantes para él). Estos períodos de pasividad y apatía suelen conducir a estados de irritabilidad, de violencia incluso. Dicho binomio apatía-agresividad resulta especialmente grave en niños y jóvenes, observándose una relación inversamente proporcional entre el rendimiento escolar y el tiempo consumido ante el televisor.

El rasgo fundamental de la teledependencia es la absorción de la mente del espectador por la pantalla, de modo recurrente y prolongado. Consecuentemente se elicita un estrechamiento de la conciencia, en virtud de la cual el sujeto mantiene solamente una comunicación activa con la pantalla, como si se tratase de un hipnotizado frente a su hipnotizador. Los problemas motivacionales y de concentración en las actividades habituales se detectan en los teleadictos principalmente los lunes y martes, después del atracón televisivo del fin de semana. La teleadicción aparece cuando el deseo por ver la televisión es sustituido por una necesidad absoluta, imperiosa, incoercible. Como en otras adicciones, el sujeto no puede ejercer control sobre el impulso por ver la televisión y, cuando no puede satisfacer esta necesidad patológica, se sentirá ansioso, irritable, sufrirá insomnio y también problemas digestivos, lo que constituye un claro síndrome de abstinencia.

Los sujetos en edad escolar y preadolescentes son los más susceptibles para caer en esta adicción y existen ciertas características personales que predisponen a ello, como falta de cultura en el contexto familiar y personal cuando se es un poco más mayor, pocos proyectos existenciales, inestabilidad emocional, soledad vital o presencia de estrés psicosocial. Paralelamente, cuando una sociedad fomenta la soledad, la desilusión, el estrés, el consumismo, la incultura y la desmotivación, está sembrando el germen de la teleadicción. Esta se va instaurando poco a poco, gradualmente, y con el tiempo posee importantes secuelas en el rendimiento escolar, la comunicación familiar y social en general, y en la estabilidad psíquica. Se acrecienta, a la par, la pasividad y las erupciones violentas, los que constituyen comportamientos habituales en los adictos a la heroína y otros opiáceos. Algunos autores destacados clasifican a la teleadicción entre las drogas más duras.

La terapia de este trastorno es compleja ; en primer lugar debe lograrse que el sujeto tome conciencia de su problema, que no lo niegue, que tenga voluntad o motivación pare enfrentarse a él. Después, una estrategia de intervención conductual-cognitiva dará buen resultado, la cual puede asociarse, en un principio, a algún psicofármaco específico, como los tranquilizantes menores, tipo benzodiacepínicos (nosotros preferimos no utilizar, en principio). Además, en un sujeto acostumbrado a estar encerrado entre cuatro paredes consumiendo su tiempo en la contemplación de una pantalla, la programación de actividades substitutivas de la anterior conducta sedentaria y apática resulta de importancia capital.
Así, junto a técnicas para resistir y aminorar el impulso para ver el televisor y ejercer control sobre el mismo, debe estimularse un programa de actividades al aire libre, ejercicio físico, actividades intelectuales, relaciones sociales y alimentación adecuada. Como siempre, con el apoyo familiar adecuado y la motivación suficiente por parte del sujeto, este programa terapéutico produce buenos resultados.

4 Comments:

At jueves, febrero 07, 2008, Anonymous Anónimo said...

Gracias Dr. K por publicar este blog.
Me ha sido de gran ayuda para solucionar un trabajo que tenía que hacer usando la teleadicción como pretexto de una exposición dirigida al fomento de la lectura.

 
At martes, febrero 03, 2009, Anonymous Anónimo said...

Gracias por su imf formara parte de un estudio en mi iglesia aserca de la adccion de la tv

 
At martes, febrero 03, 2009, Anonymous Anónimo said...

Gracias por su imf formara parte de un estudio en mi iglesia aserca de la adccion de la tv

 
At miércoles, marzo 11, 2009, Anonymous Anónimo said...

Me sirvió mucho !!!!!!!!!!!
Gracias Dr. K

 

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