domingo, octubre 01, 2006

ALGUNAS HIPÓTESIS ACERCA DE LA SEXUALIDAD HUMANA

ALGUNAS HIPÓTESIS ACERCA DE LA SEXUALIDAD HUMANA LO SUBJETIVO, LO OBJETIVO.
PSICOLOGÍA Y SOCIOLOGÍA.


DR.JUAN CARLOS KUSNETZOFF

Reflexionar y efectuar hipótesis acerca de la sexualidad humana, no es fácil y suele provocar polémicas, algunas muy interesantes, y otras estériles.
Existen fenómenos psicológicos en esta época denominada “post-moderna”, que se corresponden con algunos dictámenes predominantes en nuestra cultura. Esta época, en relación al fenómeno sexual, se caracteriza por ambigüedades, contradicciones, falta de límites, rupturas de todo tipo, en el ámbito de lo social. Lo que dificulta mucho sus definiciones y, lógicamente, suele desconcertar al usuario individual de la sexualidad.


Citemos a Kéller Hals ( [1] Kéller Hals, J.: Condición Cultural y Vivencia Subjetiva de la Sexualidad. Algunas Hipótesis de Interpretación. In: Introducción a la Sexología Médica. Abraham, G. y Pasini. Ed.Grijalbo. Cap.4 (1980)):

“Parece que una clave muy útil de interpretación, reside en el uso de una dialéctica histórica que mostraría hasta qué punto la liberación de la sexualidad y la pérdida parcial de su sentido, o su limitación, son simultáneas por tener su origen en los mismos fenómenos históricos y porque mantienen entre sí, una relación de estimulación recíproca. En resumen, se trata de una dialéctica del descubrimiento y de la pérdida, que se condicionarían recíprocamente. Esta manera de tratar el problema tiene como consecuencia la desarticulación parcial de los juicios maniqueístas, en beneficio de un análisis de casos” (pags.: 68-69)

Hoy, Siglo XXI, se constatan algunos fenómenos relativos a la sexualidad humana:

- el ejercicio de la sexualidad, es hoy infinitamente más “suelto” y goza de la liberación en todas sus dimensiones, en cualquier parte del mundo. Las condiciones de cercenamiento, opresión y falta de libertad que la sexualidad tuvo desde antaño, tiene algunas características,

- las instituciones sociales que le daban cabida y legitimidad, como el matrimonio, ha declinado fuertemente su función social;

- hay en muchas partes un "desprenderse" de la “mochila” religiosa, que con presiones diversas ataban al ejercicio de la sexualidad al pecado, a la supuesta condena al infierno. En ese sentido, el margen de maniobra que los individuos disfrutan hoy, es muy importante.

- desde el punto de vista biológico, hoy la amenaza de embarazo, que detenía a los jóvenes en el ejercicio de las relaciones sexuales, se encuentra sumamente controlado;

- El fenómeno sexual se hace y se efectúa en forma mucho más libre, pero eso, también le otorga un valor sociológico de intercambio. Es, al final de cuentas, una mercancía, (en el sentido sociológico del término, sinónimo de negociar)

EL EJERCICIO DE LA SEXUALIDAD INSTINTIVA Y EL CONDICIONAMIENTO SOCIAL

La coincidencia en el tiempo y la época, de la finalización de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Era Post-Moderna, puso a la Sexualidad y sus fenómenos, como motor económico y como elemento vinculante de la vida de los individuos de la sociedad en general.
Hoy, los bienes del mercado –promoción y propaganda en los medios, por ej.- son instrumentados en base al placer que supuestamente se incorporará a los individuos, en tanto compren y usen determinadas bebidas, determinadas cremas cosméticas, determinados automóviles, o disfruten de determinados paisajes turísticos. Para decirlo sin tapujos, el placer sexual y sus derivados, se compran. Crean el mercado, edifican motivaciones y se utilizan los medios de radio, de televisión y gráficos, como “carriers” de lo que supuestamente quiere el público, pero también, moldean la realidad a desear.
Es esta condición de mercancía, lo que sostiene al imaginario sexual. Una estrategia sutil, en medio de este juego de realidades deseantes, pero con objetivos mercantiles, hace creer, sentir y demandar sexo, pensando que las personas se liberan. De hecho, lo hacen, pero para seguir comprando. La libertad no es un producto de esencia, sino se encuentra condicionada a factores casi nunca explícitos o fácilmente detectables.

Como fácilmente puede advertirse, en el imaginario social, las relaciones sexuales, no solo se efectúan en las camas, en la intimidad de los cuartos, sino también, especularmente, en el hecho social del comprador y el vendedor de sexualidad. Parece entonces, que la sexualidad humana, tiene raíces en la actividad instintiva pura, pero no es así. Se encuentra moldeada, condicionada y muchas veces dirigida por las necesidades mercantiles a que está destinada. Sacia los apetitos y las necesidades individuales, pero en el medio cultural dictaminado por el mercado, que desea “saciar” la sed económica que lo sustenta.

Una teoría esencialista de la sexualidad, hace aparecer esta, como un hecho absoluto, dado, inmodificable, unívoco. Que el sexo es el destino; casi una fatalidad. Lo que uno desea, eso es. Y eso, es lo que soy. La angustia a que el mundo actual nos expone en relación a las sexualidades (así, en plural), lleva a refugiarse en absolutos de orden político o moral. Y que debemos empeñarnos en encontrar LA verdad, el absoluto sexo, a toda costa. No hay respuesta, lo que hay, son numerosas y variadas respuestas. La sexualidad, plantea desafíos, muy lejos de los engañadores y ansiolíticos monopolios ideológicos.

UNA TENDENCIA AL REDUCCIONISMO

Se admite hoy, que las relaciones sociales pueden ser generales, masivas,”englobantes”, amplias, fuertemente ligadas a la conciencia colectiva. Coexisten con relaciones mucho más pequeñas, en sectores, mucho más funcionales y mucho menos participantes en la conciencia colectiva. Durkheim lo denominó solidaridad mecánica y solidaridad orgánica ( [2] Durkheim, E.: De la división del trabajo social. Shapire ed. (1967))
En la sociedad mecánica, tiene poca importancia la relación individual. Su fuerza se basa en la cohesión interna de la conciencia colectiva. En las sociedades de solidaridad orgánica, la división del trabajo, constituye a los hombres en individualidades diferenciadas que cumplen tareas específicas y realizan una “vocación”. La cohesión interna, es resultado de la complementaridad de las funciones y al nuevo tipo de valores en torno al concepto de la persona humana.
Hay una similitud cultural en los individuos de la solidaridad orgánica. No le es necesaria la explicitación del lenguaje, de la historia común. Hay un parentesco cultural, que facilita la unión de los individuos. La relación de vecindad en el barrio o –lo que nos interesa- la relación entre comprador y vendedor de la sexualidad antes aludida.
El intercambio entre las personas, entonces, es independiente de los valores generales, se concentran en lo que se intercambia y no en consideraciones contextuales, muy ajenas al propósito de los usuarios.
Estas relaciones hoy, gozan de una transitoriedad, una vertiginosidad, mucho más breves que antes. Hay muchos contactos brevísimos, como en los transportes públicos, o en un espectáculo. Hay, a todas luces, una entronización, un elogio del instante, en detrimento de las relaciones antes consideradas “eternas” y fuertemente perdurables. Las carencias de convencionalismos y códigos pre-determinados, son otra importante característica de esta época.

EL CUERPO.....RESIDENCIA DE LA SEXUALIDAD.

Los cambios, alcanzan también a las significaciones del cuerpo. La primera impresión, es visual: ¿Gordo? ¿Flaco? ¿Feo? ¿Hermoso? ¿Hombre? ¿Mujer? No pocas veces, el “conocimiento” del otro, se detiene solo en estas percepciones iniciales. Y esto es, a nuestro entender, la dimensión mayúscula que tiene el cuerpo, en esta época post-moderna. El cuerpo suele ser un pasaporte inicial, un intermediario privilegiado, que conduce hacia conocimientos mucho más profundos. De allí la sobrevaloración que le es otorgada al cuerpo y, por ende, a la sexualidad.

Y habremos de distinguir, dos tipos de relaciones sexuales: ( [3] Kéller, Hals, op.cit. pag.75)

- la relación símbolo, es decir, cuando la relación sexual, sigue a la relación general de la pareja, a la relación de compañerismo. La relación sexual, se convierte en la culminación significativa de la integración de la pareja en el sistema familiar, comunitario y/o religioso. Dos familias, dos historias, se funden en el acto sexual. El placer sexual, es no una añadidura, una premisa de exigencia, porque la relación sexual, es un “símbolo” de esta fusión trascendente. Y que es ajena a la duración y permanencia del vínculo.

- la relación para-sí, es completamente diferente. No es permanente, no tiene rituales que la consagran como es el matrimonio. El placer de esta relación sexual, es efímero, circunstancial, ocasional. Aquí si, el placer sexual, se constituye en el centro de la motivación, es el objeto del “contrato” Las exclusiones de las resonancias afectivas de este tipo de vínculo, son notables. La relación para-sí, es conciente del límite y de su finitud. El juicio moral de esta última relación, es altamente comprensible.

LAS CONSECUENCIAS FILOSÓFICAS DE ESTOS DOS TIPOS DE VÍNCULOS.

El intercambio sexual, de los dos tipos de relaciones vistas anteriormente, tiene consecuencias en el pensamiento occidental.
En la relación símbolo, el intercambio sexual, se concibe en totalidad, en total compromiso con el Ser, determinado para siempre y trascendente a la pareja misma. Es, en el decir de Weeks, esencial. ( Weeks, J.: Sexualidad. Paidós. (1998) El casamiento como institución, se encuentra ritualmente, frente a la permanencia de Dios. El fundamento de la relación, es indudablemente el Amor y, lógicamente, denuncia en las actitudes desviacionistas de su objeto. Hoy, se encuentra en plena crisis ese maravilloso sin duda sentimiento mayor, tenido en esta concepción como ideal a alcanzar, pero en manera alguna imprescindible, no necesaria sin duda. La relación sexual, se justifica, en la medida en que satisface a ambos convocados al ritual ( En su sentido más general, el rito es un acto, (o un conjunto de comportamientos), individual o colectivo, que obedece a determinadas reglas y se repite en un esquema más o menos inmutable, o que al menos, está destinado a repetirse.). Esta filosofía, se niega a la idealización del acto sexual. Lo inserta en la cotidianeidad.

Asistimos, sin duda alguna, a la cotidianeidad de lo que antiguamente, se denominaba desviaciones o transgresiones. Matrimonios de homosexuales, amores homosexuales, adopción en marcha en los matrimonios homosexuales, relaciones extramatrimoniales, adulterios, etc. El liberalismo en materia sexual, permite describir la proximidad –muy estrecha en muchas ocasiones- y, simultáneamente, cierta indiferencia. Proximidad e indiferencia, es una característica del liberalismo actual.

Como característica general, diríamos que, teóricamente, admitimos, enseñamos y difundimos, esta actitud liberal. Para los otros. Otra cosa, y muy diferente, es cuando nos toca de cerca o personalmente.
Las sensaciones iniciales de los vínculos, suelen tener características perennes.....”Contigo voy....hasta el final”. “Eres la/el única/o...”. Una voluntad activa en las conductas, se ha vuelto difícil y muchas veces, excepcional.

LO IMAGINARIO SOCIAL EN RELACIÓN A LA SEXUALIDAD HUMANA.

Algo sobre la visión prometeica o heroica en sexualidad humana.
La experiencia clínica, nos pone en contacto con hombres y/o mujeres –más hombres que mujeres- que son arquetipos biológicos o antropológicos, muy apartados de la realidad cotidiana, que relatan hazañas casi deportivas de la relación sexual. Casi siempre, en ruedas de amigos, en el mítico café o en confidencias de la esquina, alguien relata relaciones sexuales “maravillosas”, pocas veces vistas, con mujeres “despampanantes”, que suspiran y gritan estruendosamente con cada orgasmo, segundos orgasmos masculinos, cuando no terceros en escaso tiempo de una noche, encuentros con mujeres que se insinúan y se meten en la cama de sorpresa, sin quererlo ni provocarlo....y así, ad-infinitum. Estos relatos, provocan al auditorio circunstancial, profundas movilizaciones afectivas, porque dan crédito “a pie juntillas” a lo relatado. Las angustias provocadas por estas hazañas, que nunca se pueden comprobar, y que en manera alguna se compara con la pobreza de la nuestra propia, sufrida y penosa sexualidad cotidiana, es proverbial. En estas representaciones, las “hazañas superheroicas”, todo sale naturalmente, sin esfuerzo, sin voluntad para lograrlo. No hay fracasos, ni frustraciones. Son el soberano e imperialistico relato prometeico de hazañas nunca comprobadas, que adquieren el nivel de leyendas urbanas. Un superhombre, que ha emergido de las revistas de aventuras, para ilusionarnos y desencantarnos al –ni por asomo- parecernos a él.

Los amigos o parientes “consumidores” de estas heroicidades, responden a los deseos incumplidos siempre, insatisfechos crónicos de la sexualidad común y corriente. Y que no merece la mención periodística a la que añora el héroe de turno.
El relator de turno, el protagonista central de las hazañas antes comentadas, “trabaja” sobre nuestras frustraciones, sobre las ilusiones nunca alcanzadas de la sexualidad cotidiana y corriente. Es la asunción de un ideal, que encuentra ilusos creyentes, que usan el relato como bibliografía fundamental para apoyar sus reclamos.

LA INTENSIDAD CUANTITATIVA DE LAS RELACIONES SEXUALES

La sexualidad humana, se ha hecho social, llena, con pleno derecho, las conversaciones cotidianas, los programas de radio y televisión, las que penetran en las subjetividades, las que inundan en libros de autoayuda y secciones de revistas “del corazón” y columnas de Internet. Todas estas actividades, se multiplican y se sinergizan unas a otras.
La participación comunitaria de los individuos en las grandes urbes, se ha reducido muchísimo. La sexualidad, es el último refugio, la última frontera que le queda. La publicidad, la utilización del sexo como propaganda o promoción, intenta invadir ese bastión, obviamente, sin conseguirlo.

Muchas veces, la relación sexual, es un “ansiolítico y/o un antidepresivo natural”, el único refugio para la felicidad anhelada, frente a las penurias económicas, sociales y políticas, a la falta de empleo y a conseguir lo elemental para la subsistencia.
“En general, no hay, en las civilizaciones tradicionales, vida sexual que constituya un polo opuesto a la vida espiritual. El hombre tiene, desde su más tierna edad, conciencia de hallar en su sexo, no una fuente de placeres ilícitos, sino el medio por el cual, su vida adquirirá un sentido haciéndolo participar en la ciudad de los hombres, integrándolo en la vida del cosmos. El acoplamiento es, en todas las civilizaciones, un acto fundamental susceptible de provocar la acción de las fuerzas invisibles que mueven el universo” ( [6] Servier, J.: Ritos y símbolos del acoplamiento. Janus, Nº 2, pag. 57 (1965))

Se oscila, permanentemente, entre un relativismo absoluto, o sea, “quedar bien con Dios y con el diablo”, modos que, alentados por los medios masivos de comunicación, no se encuentre casi nunca un lenguaje común, y una generalización universalista, esencialista, cuyo sentido es falso, al sostener que sexualmente, somos todos iguales. En cualquier época, en cualquier lugar geográfico, en cualquier edad.....

Esta última postura ideológica, buscó una “única verdad monopolizadora” sobre la sexualidad y sobre el cuerpo. Todo esto, ha llevado –durante mucho tiempo- a una negación de la diversidad humana, ha limitado la autonomía individual, y ha convertido los placeres a que la sexualidad convoca, en un secreto indecente ( [1] Weeks, J.: Sexualidad. Paidós. (1998))

Durante las últimas décadas, los temas sexuales, han adquirido interés creciente. Grupos interesados, “luchan” para aparecer influyentes, se muestran fuertemente en las páginas de los periódicos. En fin, hacen política. La reiterada, e insistente santidad de la familia, la prédica hacia la vida homosexual, tanto a favor, como en contra, los novedosos procedimientos quirúrgicos para los transexuales, y temas vinculados, intentan “ganar puntos” y reformulan nuestros conceptos sobre normalidad y anormalidad en la vida sexual. El desconcierto, la ambigüedad en las definiciones, la dilución de antiguos preceptos, dominan la escena de muchos individuos y, por supuesto, de los profesionales médicos, o psicólogos.

Es muy interesante recorrer la Historia de la Sexualidad ( [1] Foucault, M.: Historia de la Sexualidad. La Voluntad de Saber. México. Siglo XXI (1982))

Desde los tiempos de Platón, la Sexualidad y la Verdad, tuvieron vínculos con la naturaleza de la Virtud; y, por supuesto, desde antes del triunfo del Cristianismo. Se supuso siempre, que a través de nuestro sexo, se ponía a prueba nuestra virtud, se podía encontrar la felicidad y encontrar nuestro lugar en el mundo. Desde la Antigüedad, pasando por las disquisiciones cristianas sobre la “carne”, intermediado por la confesión y el testimonio protestante frente a Dios, tuvieron su apoteosis durante el Siglo XIX. Simultáneamente, la medicina y la psicología, la sexología incipiente y la pedagogía, se hicieron cargo, conjuntamente con los grupos confesionales, de establecer normas morales y sociales y dictaminar, sobre lo que es normal o no.

No por casualidad se titula, muchas veces a la medicina, como un “sacerdocio”. Durante el Siglo XIX, ese atributo identificaba por igual, a los sacerdotes –procedentes de los grupos confesionales- con los profesionales médicos.

Sin embargo, en relación a la sexualidad, los últimos cien años, ofrece al panorama sociológico, nuevas perspectivas, nuevos desafíos: no solo el control moral, y su reverso, la trasgresión, el desvío sexual, también su significado político, su trascendencia en la globalización actual.
La discusión, la enseñanza y la difusión de las prácticas de la sexualidad cotidiana, irrumpen en los intercambios intelectuales, en las universidades, en los colegios y en las conversaciones cotidianas. Sin embargo, no han disminuido los prejuicios, que adoptan nuevos y sutiles disfraces. Hay, para decirlo sin tapujos, “una voluntad flexible de no saber” ([1] Weeks, J.: op.cit., pag. 17 ) y se apoya en una premisa muy profunda en nuestra cultura: la sexualidad, es el aspecto más espontáneo y natural que poseemos. Foucault lo denomina, “la verdad de nuestro Ser”

SIGNIFICADOS DIVERSOS DE “SEXO”

El sexo..... ¿Es natural, o.....antinatural? Es una pregunta que desde muy jóvenes, nos hemos hecho. ¿Y que decir del “sexo opuesto”? Por lo tanto, “el sexo” entre gente del “mismo sexo”, es “antinatural” Ya podemos advertir la complejidad del fenómeno, al examinar, en todo este encomillado, la multiplicidad de significados. El sexo, es.... ¿una categoría de persona....?, ¿una práctica....?, o ¿un género....? La tendencia biológica predominante, con el acento puesto en la actividad reproductiva, dice que la “decencia”, lo “natural”, “lo correcto” del comportamiento erótico, es el coito entre hombres y mujeres.
Durante el Siglo XVI, tomando las definiciones platónicas, se referían a esa escisión, división tajante, entre hombres y mujeres. Es decir, una división de género. Hoy, desde hace ya mucho tiempo, “tener sexo”, es sinónimo de relación sexual ( [10] Williams, R.: Keywords. A Vocabulary of Culture and Society. London. Flamingo, pags. 283-286 (1983)), ( [11] Quijada, O.A.: Diccionario Integrado de Sexología. Alhambra. Madrid. Pag. 343 y sigtes. (1983)) La extensión del significado en el uso y las costumbres, en nuestra cultura actual, es indicadora de un cambio que alcanza, también al término “sexualidad”.

Se constata a diario, el “imperativo biológico”, sobre todo, masculino, fuerza incontrolable que arrasa todo y que se instala como el tope de una pirámide, donde el coito heterosexual, domina todo, inclusive, las Parafilias más extrañas e infrecuentes. Este “imperativo biológico”, justifica los hechos más aberrantes, la violación, la pedofilia, la degradación femenina, y el trato discriminatorio de las llamadas “minorías sexuales”
Durante los dos últimos siglos, esta visión, ha sido sostenida y apoyada, directa o indirectamente, por renombrados científicos: Kraftt-Ebing, Havelock Ellis, Magnus Hirschfeld, Sigmund Freud, tratando de descubrir el auténtico significado del sexo en sus diversas manifestaciones: sexualidad infantil, relaciones entre los sexos, influencia del “plasma germinal”, hormonas y cromosomas, la naturaleza del “instinto sexual” y las causales múltiples de las hoy denominadas “Parafilias” sexuales. No llegaron a ninguna conclusión, aunque debemos reconocer, que tenemos mucho más conocimiento y elementos para discutir y desentrañar ese “misterio” del sexo.

LO MARGINAL DE LA PRÁCTICA SEXUAL

Muchos autores, han enfatizado que, modernamente, la relación sexual, es la única fuente de felicidad, cualquiera sea la acepción que le otorguemos a este concepto. Todas los demás sectores –tiempo dedicado al ocio, el tiempo libre- se consideran accesorios o secundarios.
La permisividad-compulsión, es notable. Es lo que en otras palabras, la obligación del placer (concretamente, de la relación sexual) Esta compulsión, vuelve obligatoria, imperativa y reiterada, a medirse, compararse con los superhombres arquetípicos, a juzgarse por los rendimientos obtenidos (en términos cuantitativos: ¿Cuántos orgasmos? ¿Cuántas veces? ¿Cuántas parejas? ¿Cuánto tiempo?), o compararse con los publicados en los medios televisivos, pornográficos, de las revistas de los periódicos, o los anuncios comerciales (¿Cuántos centímetros? ¿Cuán normal-anormal es?)
Todo esto, es función de la alienación, es decir, a vestir ropajes –preguntas, poco o nada respondidas, hipocresía social, aprendizajes y enseñanzas imposibles, aparentar que se sabe, cuando todo se ignora- donde se ocultan los individuos, sus pesares, sus conflictos, su problemática en suma. Aparece apenas, la necesidad, el impulso a ser amado y tener satisfacción sexual, pero como una pulsión “natural”.

Al contrario de lo imaginario social, la práctica concreta de la relación sexual, es pequeña, desconocida, sobrevalorada, marginal en suma. Solo ocupa una porción pequeña de la vida, tiene un carácter repetitivo, que la vuelve tediosa, insulsa, plagada de conflictos y contradicciones, muy alejadas de lo que todo el mundo desea, piensa y anhela.

Dr.Juan Carlos Kusnetzoff
Facultad de Medicina
Universidad de Buenos Aires
Curso de Actualización de Post-Grado
en “Sexología Clínica”
juanck@ciudad.com.ar/

1 Comments:

At miércoles, marzo 25, 2009, Blogger Exprés(arte) said...

Lo que mencionas en el favorecimiento del trabajo y la muerte como parte inevitable de analizar desde la sexualidad humana, han destinado determinados cambios que Bataille mencionó en su Libro del Erotirmo. Serviría de mucho si al final de tu ensayo pusieras la bibliografía externa. Es favorecedor y pecaminoso, bien.

 

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